
Paseando por la plaza del Ensanche, oí un comentario que me hizo pensar, y no es poco.
Un marido obediente, como todos, aprovechando que su mujer estaba fuera de casa, quiso darle una sorpresa para cuando volviera e intentó montar un armario. Y sí que lo montó, y además, cual no sería su sorpresa, que le sobró un cajón.
A mi tío también le gustaba siempre desmontar todo lo que pillaba y volver a montarlo. Normalmente le sobraban piezas, pero si funcionaba, lo daba por bueno. Seguramente la pieza que sobraba no sería muy importante, de lo contrario...
Pero que te sobre un cajón!!!
Zapatero a tus zapatos; cocinero a la cocina.
Y hablando de cocineros y cocinas, creo que el próximo sábado nos toca saborear los guisos de nuestro afamado chef.
Hasta entonces pues.